Intachable, 30 años de corrupción. Cómic. | totalnoir – WordPress.com

Guión, dibujo, color: Víctor Santos
Editorial: Panini Comics (Colección Evolution Comics)
«- (…) Una persona se levantará de su silla y tú te sentarás en ella.
– Nadie me ha elegido.
– Yo te he elegido. La gente no vota personas. Vota colores. Zas. Ya estás coloreado»
1982, en una ciudad innominada de la costa mediterránea española, Gabriel Solís le parte la cara a César Gallardo en el patio de su elitista colegio privado. Pero pronto el niño bien y el chico malo comienzan una amistad y, de repente, la política entra en la vida de César mientras Gabriel opta por entrar en el mercado del ocio (concretamente en el ocio no legal, con todas sus implicaciones). Las nuevas inquietudes y amistades de César no le impiden seguir en contacto con Gabriel, más bien le impulsan pues sus respectivas ocupaciones les permiten hacerse discretos favores mutuos. Y el tiempo va pasando y, pelotazo a pelotazo, los dos colegas van trepando por la empinada escalera del éxito profesional.
Víctor Santos entregó en 2012 una de las obras fundamentales para entender por qué se pasó del respeto, incluso reverencia, hacia la figura del político en 1982 hasta su más profundo descrédito. En su desarrollo toca un buen número de palos que, aunque el ciudadano medio no los relacionará inmediatamente con el mundo del crimen, no son desconocidos para los lectores de diarios españoles: el transfuguismo, los sindicalistas como otra rama de la política menos visible (pero igualmente fácil de corromper), la falta de controles internos en los partidos políticos españoles, la servidumbre de periodistas hacia una orientación política,… y los junta con temas como la penetración de mafias internacionales en España (concretamente las surgidas con la caída de la URSS), el perdón ciego que los electores conceden a los delitos cometidos por los políticos de su cuerda o, en uno de los apuntes más sutiles de este cómic, cómo los crímenes de ETA sirvieron para ocultar otros problemas de la sociedad española (y también lo poco que gusta recordar hoy día a la banda armada y a los que la combatieron).
Más allá del «y tú más», Santos no hace una referencia a un partido político concreto ni a una corriente ideológica sino que pone en el punto de mira la metamorfosis de la cultura del pelotazo en cultura del ladrillo -aunque cualquiera es capaz de reconocer los modelos, máxime cuando el autor es de procedencia valenciana-. Aquí la colección de malas prácticas en que incurre César Gallardo puede atribuirse a múltiples políticos del arco parlamentario y, en múltiples momentos, nos muestra cómo las cerradas estructuras de los partidos políticos españoles (el que se mueve no sale en la foto, que dijo Guerra hace mucho) sirven para opacar e, incluso, coadyuvar en la perpetuación de esta misma corrupción.
Para que esto sea una historia y no un ensayo sobre las relaciones entre política y criminalidad, Santos puebla el tebeo de personajes carismáticos: Gabriel Solís, el criminal desacomplejado que nos narra la historia con un cínico deje de complacencia, Unamuno, el policía incorruptible que lucha casi en solitario por mantener un poco limpio ese estanque que es la sociedad (sólo le ayudan activamente su compañera Marisa Fuster y Gorka, un fiscal hijo de un antiguo compañero), y, sobre todos ellos, César Gallardo, el político estrella que domina el arte de la distorsión (dominando así, como mantenía el filósofo Spinoza, la capacidad de hacer a alguien su siervo a través de la inducción de emociones y afectos).
Junto a ellos hay diversos personajes menores, no se puede hablar de secundarios stricto sensu porque aparecen y desaparecen según su necesidad en el relato dominado por la figura de César Gallardo; así vemos a los mafiosos rusos, la rival política, la esposa de Gallardo, que le ayuda a ascender social y políticamente mientras el viento va de cola, o al periodista/tertuliano. Llama la atención el uso del recurso las viñetas que muestran retransmisiones televisivas, en que vemos cómo se usan éstas para crear un clima ideológico determinado y cómo se usan también para las luchas intestinas dentro de los propios partidos, y el interesante uso de las (ahora difuntas) bandas a las que llegaban sms de los telespectadores (yendo un paso más allá del uso que hacían de éstas Chaykin o Miller). En estos personajes episódicos es donde se nota más lo buen dialoguista que es Víctor Santos, pues en una aparición de una página o menos es capaz de definir al personaje y que no quede como una figura de cartón-piedra.
A la hora de planear la página predominan las viñetas horizontales y el uso de otro tipo de viñetas a la manera cinematográfica, favoreciendo la claridad expositiva y evitando los saltos de ritmo, cometiendo puntuales transgresiones de esa estructura tradicional en los momentos en que se desata la acción (que los hay, aunque el tebeo sea más político que thriller). Sí me llama la atención el uso del color, cambiante de página a página, que acompaña al clima psicológico o moral que el autor quiere crear en cada momento y que nos deja páginas tan llamativas como esa hacia el final en que se ve bebiendo a Gallardo tras una ventana mientras contempla «su» ciudad.
Si cuando apareció por primera vez éste era un cómic apegado a la realidad, ahora, cuando Panini lo reedita en una nueva edición en tapa blanda, nos encontramos con un testimonio de una época de nuestro país que, como nos demuestran todos los días nuestros políticos, se resiste a morir.
Miguel Ángel Vega Calle.
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